Un jueves hace cuatro meses, Alberto, nuestro profesor de tecnología y tutor de nuestra clase de 3º C, nos sorprendió con una noticia al principio de nuestra hora de tutoría. Nos propuso participar en un concurso de maquetas de la Época Romana.
Ese mismo día, decidimos qué haríamos cada uno: búsqueda de información, hacer figuritas con arcilla, pintar, diseñar, pegar, construir... Decidimos ir al Museo del Foro Romano para "recolectar" ideas que nos sirvieran para la maqueta.
Los días siguientes, utilizamos las clases de tecnología y la tutoría para adelantar trabajo (lástima que no hiciera falta suprimir los exámenes). Algunos compañeros sacrificaron sus recreos para seguir con la maqueta. Cuando comenzamos a montar las piezas, ocurrió un pequeño incidente: se desmontó lo que tanto nos había costado construir (supongo que fue un accidente).

Pero nosotros no nos rendimos y volvimos a empezar de nuevo. En estos momentos en que estoy escribiendo este artículo, aún se puede ver a compañeros ultimando los últimos detalles:
terminar de pintar y construir "hombrecillos de arcilla" y pegarlos en la maqueta junto con los demás.
En este proyecto hemos tenido que invertir mucho tiempo, porque tenía un gran inconveniente que nos "retrasaba" el trabajo: al tener que pegar todas las piezas, teníamos que esperar a que se secaran y el proceso de secado no es muy rápido que digamos.
Esperamos ganar el premio. ¿ Quién no lo desearía?. Pero aunque no ganemos, no hemos desaprovechado el tiempo, ya que mientras construíamos la maqueta, hemos estrechado nuestros lazos ; sé que es una frase muy usada y que suena a falso pero...¡es verdad!. Había más compañerismo, menos roces. Bueno, es cierto que ha habido algunos entre algunas personas, pero..¿quién no los ha tenido
nunca?.
Y esperemos que aunque nuestro trabajo no le guste al jurado os guste a vosotros.