Caesaraugusta y el Ebro

Fernando Marín

Corría el año 13 a. C., cuando César Augusto, el primer emperador romano, decidió fundar una nueva ciudad en Hispania, en el territorio de los íberos. Para ello utilizó a unos legionarios licenciados que habían prestado el servicio en las legiones IV Macedónica, VI Victrix y la X Gemina. Las tres habían llegado a esta región para luchar contra los cántabros y los vascones, únicos pueblos hispanos que no estaban dominados por el Imperio Romano. El mismo emperador se vio obligado a venir a estas tierras y, según algunos historiadores, se recuperó aquí de una grave enfermedad.

Ebro y Caesaraugusta

¿Cuáles fueron las razones que le movieron a elegir este lugar como centro de una vasta región que comenzaba en Cinco Villas y acababa en el Bajo Aragón?

Es posible que contribuyese a su elección el grado de romanización de sus habitantes. Según consta en un documento hallado en Ascoli "El bronce de Ascoli", una turma o batallón de jinetes de la antigua Salduva (primer nombre con el que conocemos a la actual Zaragoza) participó en el año 90 a. C. en la guerra que Roma mantuvo con las ciudades itálicas. Estos fueron distinguidos por el valor mostrado en la batalla con la ciudadanía romana, lo que les hizo adoptar sus costumbres. Sin duda, este hecho ayudó a que Salduva fuera conocida por Augusto y se inclinase a la hora de elegir centro de esta región por ella.

Más importancia debió tener su situación geográfica. Caesaraugusta fue un centro neurálgico en el noreste de la península ibérica. Desde allí los romanos podían vigilar el norte (Pirineos y cornisa cantábrica); eran fáciles las comunicaciones con la franja mediterránea (Ilerda, Barcino y Tarraco) y con el oeste (Castilla- León); finalmente ayudaba a las relaciones con el sur de la península a través de la actual Castilla La Mancha. Las vías que por ella pasaban, coincidentes con las actuales carreteras, dan buena cuenta de ello.

Pero sin duda fue el agua, elemento esencial para satisfacer las necesidades de todas las ciudades, lo que llevó a Augusto a hacerla centro de esta región. En ella confluían tres ríos, flumen Hiberum (Ebro), Gallicum (Gallego) y Huerva. Los dos últimos, a diferencia de lo que podemos observar hoy día, debían tener un gran caudal, como indica el hecho de que abastecieran de agua a una ciudad de 20.000 habitantes. En Zuera, Augusto hizo construir un acueducto sobre el río Gállego, que desembocaba en el hoy día llamado "Puente de Piedra". Según las estimaciones de las cañerías que se han encontrado proporcionaba diariamente 566 litros por persona censada. Se desconoce donde estaba el construido sobre el río Huerva, que era más pequeño, pero debía conducir 400 litros diarios por persona.

Ánforas en CaesaraugustaNo queda ninguna duda de que el río más influyente fue el Ebro. Convirtió en regadío las tierras de los 55 municipios dependientes de la ciudad. Permitió a la ciudad propiamente dicha tener un floreciente comercio con el resto de Hispania e Italia.
En época romana el Ebro era navegable desde Logroño hasta su desembocadura, Tortosa. Los barcos remontaban la corriente con la fuerza del "cercius", el cierzo; cuando éste faltaba, eran los esclavos los que con su fuerza se encargaban de arrastrarlos desde la orilla.

Por el río los hispano-romanos cambiaron en parte la estructura natural de las ciudades; situaban el foro, lugar donde estaban los centros religiosos, políticos y judiciales, en el centro de la nueva ciudad; en Caesaraugusta correspondía al actual local del Museo Camón Aznar, en la calle Espoz y Mina. Tiberio lo situó en el antiguo mercado, sito en la actual plaza de La Seo, donde se implantaron las tiendas comerciales.
A través de él se realizó un importante comercio fluvial; en el actual paseo de Echegaray y Caballero construyeron los Caesaraugustanos el puerto fluvial. Se importaban productos alimenticios, como vino de Italia y Cataluña, conservas de pescados, aceite, garum... Se trajeron todo tipo de vajillas, cerámica, perfumes... En la época del emperador Tiberio, cuando la ciudad se transformó y comenzó a embellecerse, transportaron por él todos los materiales de construcción y principalmente el mármol italiano. Los productos de exportación eran trigo, metales y madera. Los barcos remontaban la corriente
Pero la ciudad no es solamente lo visible; existe en ella una zona sobre lo que se ve, invisible para los que pasean por ella, pero que hace que la vida de los ciudadanos sea agradable, las cloacas. Para los romanos era un espacio fundamental, dado su gusto por la limpieza (recordemos que visitaban casi diariamente las termas, tenían agua corriente en muchas casas y eran muy amantes de los jardines y sitios abiertos), para deshacerse de la porquería que producían. La arqueología ha sacado a la luz las dos cloacas más importantes, la maxima cardo, de la calle Don Jaime al puente romano, y la maxima decumana, del mercado central a la calle Doctor Palomar, así como otras muchas que enlazaban las menores con las dos principales. Por la maxima cardo pasaban, según podemos leer en Benito Pérez Galdós, los jinetes con sus caballos para huir de los franceses. Su medida era de 2,20 metros de ancho por 2,82 metros de alto.

También el río Ebro causaba, como hoy, preocupaciones a los que gobernaban Zaragoza. El aumento de caudal producía en muchas ocasiones riadas que afectaban a los habitantes de las zonas por las que pasa. Sus gentes no se amilanaron ante estas circunstancias adversas; al contrario sus técnicos buscaron soluciones que aliviasen de alguna manera los destrozos producidos por las mismas y las filtraciones de agua.

Protegieron el área comercial colindante con la parte cercana al río con diques paralelos al mismo y levantaron el suelo con tierra impermeable cuatro metros, como se observa en el Museo del Foro.

Otro sistema es la colocación de ánforas en horizontal o inclinadas en lugares estratégicos para recoger el agua que se pudiera filtrar por su terraza. Las últimas, alrededor de un millar, se han encontrado en una casa sita en la plaza de Tenerías. Su importancia radica no solamente en la utilización de la solución adoptada, sino también en la ayuda que nos pueda prestar para el conocimiento de sus hábitos de alimentación y bebida.

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